Saneamiento en seco en la industria alimentaria: tecnologías para controlar riesgos microbiológicos sin agua

Saneamiento en seco en la industria alimentaria: tecnologías para controlar riesgos microbiológicos sin agua

Cuando el agua es el riesgo: tecnologías de saneamiento en seco para prevenir Salmonella, alérgenos y contaminación ambiental en plantas de alimentos de baja humedad

Durante décadas, la higiene industrial en alimentos se ha contado como una historia de agua, espuma, enjuague y desinfección química. Sin embargo, para una porción creciente de la industria alimentos de baja humedad low-moisture foods (LMF por sus siglas en inglés) como cereales, polvos, ingredientes deshidratados, mezclas secas, snacks, especias, cacao, frutos secos y semillas puede convertirse en una vulnerabilidad operativa.

La razón es simple, pero con implicaciones complejas: cuando se introduce agua en un entorno diseñado para operar “en seco”, se puede crear el factor que más favorece la supervivencia, transferencia y, en ciertos nichos, el crecimiento microbiano en el ambiente de planta.

El riesgo no es teórico, estudios recientes sobre LMF subrayan que estos productos, aunque no favorecen el crecimiento rápido de patógenos por su baja actividad de agua, pueden actuar como vehículos de salmonella cuando ocurre contaminación y, por su larga vida de anaquel, amplificar el impacto de un evento como retiros, crisis de marca, disrupciones logísticas y costos de remediación.

Revisiones en el ámbito científico-industrial han documentado brotes y retiradas asociados a LMF, así como las particularidades de limpieza y saneamiento en ambientes secos.

Asimismo, los reguladores y los esquemas de certificación están refinando su expectativa sobre cómo se controla el riesgo ambiental en plantas de baja humedad.

Por ejemplo, en enero 2025 la FDA publicó un borrador de guía centrado en programas de saneamiento rutinario para alimentos listos para consumo de baja humedad, con recomendaciones específicas para prevención y acciones correctivas cuando fallan las barreras.

En ese marco, el mensaje es consistente: priorizar técnicas de limpieza en seco y limitar la limpieza húmeda controlada a escenarios y procedimientos donde sea estrictamente necesaria, asegurando el secado completo antes de reingresar equipos al entorno seco.

Para México y Latinoamérica, el saneamiento en seco se cruza con tres presiones estructurales:

  1. Exigencias de inocuidad y exportación (auditorías, clientes globales, esquemas GFSI/FSSC)
  2. Estrés hídrico y costo total del agua (consumo y tratamiento)
  3. Continuidad operativa en líneas que no toleran paros largos por secado, corrosión o daño a componentes eléctricos.

En este contexto, el saneamiento en seco deja de ser “una técnica” para convertirse en una estrategia de gestión de riesgos y eficiencia operacional.

¿Qué es el saneamiento en seco y por qué es distinto?

Saneamiento en seco es el conjunto de métodos de remoción de suciedad y residuos y, cuando aplica, reducción de carga microbiana sin introducir agua libre al ambiente de proceso. No se limita a “limpiar sin mojar”; implica diseñar un sistema para que la planta permanezca seca y controlada en términos de partículas, alérgenos, condensación y nichos de humedad.

La diferencia crítica frente a prácticas húmedas tradicionales es que en plantas LMF el agua puede comportarse como un “acelerador de riesgo”: al humedecer residuos orgánicos o polvo, se crean microambientes donde los patógenos pueden persistir con mayor facilidad, desplazarse por escurrimientos, aerosoles o salpicaduras y contaminar superficies de contacto con alimento (FCS) o zonas cercanas.

En guías de controles preventivos, la FDA ha señalado que el control de humedad es crítico y que el agua en ambientes de proceso seco es uno de los factores de riesgo más significativos para contaminación por Salmonella en productos de baja humedad.

Esta lógica no niega la necesidad de higiene profunda o desinfección. Más bien, obliga a cambiar el orden de operaciones: en seco, la prioridad es remover físicamente el residuo (y con él el “vehículo” de contaminación) mediante herramientas y tecnologías que capturen partículas en lugar de dispersarlas, y luego aplicar, cuando corresponda, un paso de sanitización de baja humedad o un tratamiento físico compatible con el equipo y el entorno.

n6 1

El riesgo microbiológico en baja humedad: por qué salmonella sigue importando

En alimentos de baja actividad de agua, el crecimiento microbiano suele estar limitado; sin embargo, salmonella puede sobrevivir largos periodos en matrices secas y, si entra en contacto con un producto que no recibirá un paso de letalidad posterior, el riesgo para el consumidor permanece.

La evidencia científica y las revisiones de la última década señalan que LMF con vida de anaquel prolongada pueden sostener eventos de contaminación con consecuencias amplificadas por el tiempo de distribución y consumo.

Desde una perspectiva de riesgo reputacional y financiero, hay otro componente: los productos LMF suelen viajar lejos, entran en múltiples formulaciones y, cuando se detecta contaminación, los retiros son complejos por trazabilidad extendida y co-manufactura. En ese escenario, la eficacia del saneamiento ambiental deja de ser un “requisito de auditoría” y se convierte en un mecanismo de protección del negocio.

A nivel de salud pública, es relevante recordar el marco general: la OMS ha estimado que las enfermedades diarreicas por alimentos contaminados causan cientos de millones de casos y cientos de miles de muertes anuales a nivel global. En plantas LMF, el punto es cómo evitar que el ambiente se convierta en reservorio o vector.

La jerarquía del saneamiento en seco: primero remoción, luego control

En entornos de baja humedad, el saneamiento en seco suele estructurarse en una jerarquía operativa:

  1. Contención y remoción física del residuo: polvo, finos, grumos, derrames secos, residuos adheridos.
  2. Captura: aspirado con filtración, sistemas antistáticos, manejo de residuos sin re-aerosolizar.
  3. Inspección y verificación: visual, ATP cuando es aplicable, hisopados ambientales, alérgenos.
  4. Sanitización de baja humedad o tratamiento físico: según riesgos: alérgenos, patógenos, grasas, pegajosidad.
  5. Secado y estabilización del área y liberación para producción.

Este orden no es caprichoso: si se intenta “desinfectar” sin remover, se corre el riesgo de fijar suelos, crear pastas, o introducir humedad que empeora el problema. Por eso la guía de saneamiento para LMRTE de la FDA insiste en privilegiar técnicas de limpieza en seco y limitar la limpieza húmeda controlada, con secado completo antes de reintroducción del equipo al área seca.

Métodos físicos manuales y el punto donde fallan muchas plantas

Cepillado y raspado: técnica, no improvisación

El cepillado y raspado son la primera línea: desprenden acumulaciones, rompen “puentes” de producto, eliminan costras secas y permiten exponer superficies para limpieza posterior. Su efectividad depende de tres variables:

  • Diseño higiénico del equipo: puntos ciegos, soldaduras, roscas expuestas, guardas.
  • Material y condición de herramientas: grado alimenticio, integridad, control de desprendimientos.
  • Disciplina de POES: secuencia, zonas, control de herramientas por área, registros.

El riesgo típico aquí es la redistribución: si se cepilla sin captura, el residuo se aerosoliza, deposita en estructuras y vuelve a caer en el equipo. Por ello, las mejores prácticas industriales tienden a combinar cepillado con aspirado inmediato y confinamiento de polvo.

Aspirado industrial con filtración: el “corazón” del saneamiento en seco

El aspirado industrial es la tecnología clave cuando el enemigo es el polvo. Su valor está en capturar partículas finas, incluyendo residuos y potenciales alérgenos, sin re-aerosolizar. En la práctica, las especificaciones más buscadas incluyen filtración eficiente y diseños que minimicen estática y dispersión, particularmente en ambientes con polvos finos.

La discusión técnica en medios de ingeniería de alimentos ha subrayado el papel del control de polvo y la estática como factores que atraen partículas y elevan el riesgo de contaminación (incluyendo alérgenos).

En un programa moderno de saneamiento en seco, el aspirado no es “limpieza general”; es un punto crítico de control operativo. La selección del equipo suele considerar:

  • Filtración de alta eficiencia: frecuentemente HEPA o equivalente, según evaluación de riesgo.
  • Accesorios conductivos-antistáticos donde aplique.
  • Compatibilidad con áreas clasificadas, si hay riesgo de explosión de polvo.
  • Protocolos de cambio de filtros y disposición de residuos.

Aire comprimido: útil, pero con riesgo alto si se usa mal

El aire comprimido puede desalojar partículas de zonas inaccesibles, pero también puede convertir la limpieza en un evento de dispersión. En ambientes secos, esto implica riesgos dobles:

  1. contaminación cruzada ambiental
  2. redistribución de alérgenos

Por eso, el aire comprimido se recomienda típicamente en condiciones controladas: baja presión, boquillas adecuadas, aspiración concurrente, confinamiento del área y preferentemente fuera de línea de producción.

Drenaje por gravedad y pigging: sacar producto antes de “limpiar”

En líneas de producto a granel, la remoción previa reduce el volumen de residuo y el tiempo de intervención. En términos de inocuidad, el beneficio es directo: menos material residual disponible para contaminar y menor necesidad de intervención agresiva.

Tecnologías avanzadas: cuando “limpiar en seco” exige más que cepillos

Las tecnologías avanzadas no sustituyen la disciplina básica; la amplifican. Su adopción suele justificarse por una combinación de: reducción de tiempo muerto, acceso a zonas complejas, menor uso de químicos/agua y mayor consistencia.

Fuente: Food Tech 

Laura Herrera

Analista de Contenido